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1940, Jackson, Missouri.

Guionista basal de las adaptaciones al cómic de la literatura de Robert E. Howard.

 
 

 

Casi desde que nació, Thomas ha sido uno de los más apasionados aficionados a la historieta yanqui. En su infancia leyó comic books de la llamada Golden Age (Edad de Oro) de los cómics de superhéroes, en su adolescencia los coleccionó y los creó también, impulsado por la necesidad de contar sus propias historias. Pasaba horas y horas escribiendo y dibujando cómics que mostraba incansablemente a sus pacientes amigos y parientes.

 

Comenzó a escribir sobre los cómics que le gustaban (preferentemente los protagonizados por Captain America, The Human Torch y The Sub-Mariner) en fanzines locales y, al cumplir la veintena, fundó junto con el profesor universitario Jerry Bails uno de los fanzines americanos más recordados, Alter Ego, donde incluso publicó algunos dibujos de superhéroes y chistes gráficos de su mano. Allí destinó su primer esbozo de guión de fantasía heroica: “Warrior of Llarn”. Graduado en la Universidad con méritos, magna cum laude, su primera profesión remunerada fue ser profesor de lengua inglesa en un instituto de Missouri desde 1961, pero llegó un momento en que su verdadera vocación se impuso y, tras pasar la primera mitad de los años sesenta escribiendo cientos de cartas y bombardeando con sugerencias, críticas e ideas a las editoriales de cómics, finalmente llamó a la puerta de DC Comics y fue admitido entre sus filas de colaboradores. Una admisión breve, sin embargo: trece días de octubre de 1965, pues la oferta de Marvel Cómics fue más jugosa e inmediatamente trasladó sus bártulos a la empresa de Stan Lee.

Poco tiempo le hizo falta para demostrar su valía en Marvel. Durante cuatro años desarrolló una actividad versátil e intensa, asesorando, coordinando y escribiendo etapas de series de cómics que Stan Lee dejaba en sus manos por falta de tiempo o de interés y que él, el emprendedor muchacho de Missouri, logró convertir en clásicos: Incredible Hulk (la etapa con Herb Trimpe), The Amazing Spider-Man (la saga de Morbius y del Spiderman con ocho extremidades), Daredevil (con historietas dibujadas por Gene Colan y Barry Smith), The Uncanny X-Men (la etapa previa a la cancelación de esta serie, dibujada por el colosal Neal Adams), Dr. Strange (el de Colan y Tom Palmer), The Avengers (creando a La Visión y escribiendo la archifamosa saga “La Guerra Kree-Skrull”, dibujada por Adams), Amazing Adventures (también con Adams, dibujando unos episodios inolvidables protagonizados por The Inhumans), Namor. The Sub-Mariner, Iron-Man..., series que en muchos casos también editó.

Pero su labor más ardorosa como editor, a la vez que como guionista, fue la que hizo con los tebeos que recogían el testigo épico de la obra literaria de Robert E. Howard. Thomas, tras algún titubeo inicial, consiguió con Conan the Barbarian un éxito fulminante en la primera mitad de la década de los años setenta y, tras ese primer paso, surgirían nuevas series protagonizadas por bárbaros que gozaron de una gran acogida durante dos décadas: Giant Size Conan, Kull the Conqueror / Kull the Destroyer, Red Sonja, King Conan / Conan the King, Savage Tales, Kull and the Barbarians y The Savage Sword of Conan (siendo esta última la revista en blanco y negro más duradera en el mercado estadounidense hasta la fecha).

Pero no fue Conan alimento suficiente para el insaciable espíritu creador de “Rascally” Roy (como le apodaban cariñosamente en Marvel). A finales de los años setenta siguió ocupado con series como The Mighty Thor o Captain America, para las cuales escribió sagas memorables o las editó con gran inteligencia, todo ello sin menoscabo de haber sido el guionista de una de las series de cómics de más éxito en su momento: La adaptación de la película La Guerra de las Galaxias, Star Wars, que fue dibujada por Howard Chaykin.

En los comics que escribía Thomas, ensayó con ideas que había ido desarrollando desde su infancia y durante su adolescencia, tiempos en los cuales escribió cientos de historietas que él mismo dibujaba. A su llegada a Marvel, mezcló con pericia la fascinación por aquel nuevo universo, todo colorismo y fantasía, con una poderosa memoria y una capacidad sin límite para relacionar entre sí referentes culturales. Por ello, no tardó en acentuar sus colaboraciones para Marvel con algunas gotas de la cultura mainstream: algo de Mark Twain, un poco de Fenimore Cooper, una pizca del espíritu de Homero o Virgilio, y en este plan. Cuando escaseaban las ideas, Thomas sólo tenía que localizar una subrutina alternativa en su empapado cerebro para moldear una idea ya inventada o bien construir una nueva idea desde un planteamiento previo.

No han faltado las voces que acusaron a Roy Thomas, y a otros guionistas de la Casa de las Ideas, de haber construido sus tebeos magníficos con ideas de prestado. En sus tiempos mozos, Thomas no dudó en rescatar y emplear a su antojo la memoria, como en sus historietas de terror escritas para los comic books de miscelánea de Marvel. Más tarde, no tardó en utilizar para sus sagas cósmicas / superheroicas, caso de “La Guerra Kree-Skrul”, ideas entresacadas de relatos de ciencia ficción leídos en su adolescencia. Tampoco hizo Thomas ascos a la idea de tomar prestados elementos de obras escénicas o cinematográficas en candelero y tintar con ellas los argumentos de sus cómics. Thomas aprovechó las viñetas que Marvel iba publicando mes tras mes para alojar allí retazos de cultura oficial, guiños, segundas lecturas ocultas, alguna referencia subliminal... Eso, el fenómeno del que se apropió Thomas, que ha sido visto como vulgarización o como popularización y que para algunos estudiosos amantes de la historieta y de la literatura puede resultar censurable, entonces contribuyó al crecimiento de una afición ilusionada y satisfecha con los productos que deseaba leer: historietas de entretenimiento y que, además, le permitían disfrutar del cómic sin separarse por completo de la realidad.

El hecho es que, Thomas, como escritor y como editor, detectó en la segunda mitad de la década de los años sesenta que el público joven americano disfrutaba más con ciertas películas que con los superhéroes al estilo de la Golden Age. En consecuencia, y no obstante el amor que sentía por aquellos héroes, se puso al día y supeditó su afán contando historietas que olvidaban el estilo del pasado. También entonces, se percató de que muchos lectores de historietas coincidían con los gustos de los que paladeaban narrativa fantástica, la cual había experimentado un resurgimiento sorprendente: J.R.R. Tolkien, Edgard R. Burroughs, Sax Rohmer... así que intentó por todos los medios convertir los cómics Marvel en domicilio para las creaciones de esos autores (no lo consiguió él con ninguno de los tres citados). También decidió que dos tímidos fenómenos coetáneos podían conformar sendas series de comic books, como Star Wars, fenómeno cinematográfico, y Conan, fenómeno editorial. Ambos fueron éxitos.

Con respecto a la adaptación de Conan, se le reprochó que desvirtuaba la literatura de Howard y que extralimitaba en sus adaptaciones de los personajes bárbaros (Conan, Brak, Talon o Starr) para convertirlos en una suerte de “Hamlets” con espada y taparrabos. No andaban desencaminados, el de Missouri desgajó el lenguaje de Howard y lo pulió para volverlo a montar con palabras más aseadas; así popularizó sus historias y consolidó el éxito del personaje en los cómics, tejiendo además, con un amor desmedido y con el hilván del cronista más meticuloso, las vivencias de un ladrón cimmerio que llega a monarca a modo de saga que orquestó con sabiduría ejemplar. Además, se preocupó por dotar de un halo más intelectual, si así puede calificarse, a las series del bárbaro y no tardó en solicitar aprecios, ayuda, relatos, argumentos y permisos para encastrar otras historias fantásticas en la biografía de Conan. Con esta última intención invitó a Michael Moorcock, Lin Carter, Gardner Fox y David A. English, y de todos sacó partido, desvirtuando algo la figura de Conan, según ciertos analistas, pero contribuyendo a inflar la saga de apasionantes aventuras del bárbaro. Más tarde, entreveraría la serie con relatos de otras sagas del propio Howard, con elementos de otros relatos no de bárbaros del escritor tejano; cuajaría sus historias con ideas tomadas de las cosmologías de Howard Phillips Lovecraft, Robert Bloch, Harlan Ellison, Clark Ashton Smith, Phillip Wylie y Tennesse Williams.

La década de los años ochenta estuvo marcada por su paso a la competencia y por su participación en otros medios de comunicación. Thomas abandonó Marvel y dedicó sus esfuerzos para la distinguida competencia, DC Comics, empresa par la cual trabajó sobre personajes añejos, como All Star, creó nuevos grupos de superhéroes, como Infinity Inc (serie en la que dio sus primeros pasos el hoy multimillonario Todd McFarlane), y nuevos bárbaros, como Arak Son of Thunder.

También durante este período, alternó su sabia pluma para otros proyectos de cariz más independiente, ejemplo de lo cual fueron sus adaptaciones al cómic del personaje Elric para Epic Illustrated o para las series homónimas de Pacific y First Comics ilustradas por el delicado lápiz de P.C. Russell o por M.T. Gilbert, émulo del anterior. Asimismo, Thomas participó en varios proyectos cinematográficos entonces, bien escribiendo cómics que aparecían en pantalla (caso de The Hand, película de 1981 dirigida por el polémico Oliver Stone), bien colaborando en los argumentos sobre los que luego se escribieron guiones cinematográficos (caso de las películas ligadas a Robert E. Howard Conan the Barbarian, Conan the Destroyer y Red Sonja; la película Kull the Conqueror también usó como argumento de partida una idea de Roy Thomas).

A finales de los años ochenta volvería a Marvel con nulo interés por recoger las riendas de un Conan en decadencia y máximo interés por escribir historietas de los superhéroes fundadores (que existían desde 1938). A este respecto, suyos fueron los guiones para Saga of the Sub-Mariner y Saga of the Original Human Torch. Luego intervino en series como West Coast Avengers, Thor o Fantastic Four Unlimited y algún otro título ligado siempre al subgénero de los superhéroes. Mas, poco después le pudo la añoranza por lo bárbaro y, al tiempo que escribía algunas historias de personajes de Howard para series de Dark Horse (Ironhand of Almuric, Kings of the Night, Cormac Mac Art), volvió a escribir nuevos guiones de Conan para las etapas finales de las series Conan the Barbarian y The Savage Sword of Conan, algo que la afición le agradecimos enormemente puesto que aplicó orden donde el caos se había adueñado, tanto con sus guiones reparadores como en sus textos –los de Conan Saga- conciliadores. A continuación compartió tripa en la renovada revista Conan the Savage y condujo dos comic books que gozaron de escasa suerte en el mercado: Conan the Adventurer y Conan Classic.

En los últimos años del siglo XX colaboró con Topps Comics y con artistas consagrados para series como: Secret City Saga (el último proyecto en vida de Jack Kirby), Bram Stoker’s Dracula (una excepcional obra del cómic dibujada por Mike Mignola), Mary Shelley’s Frankenstein (un tebeo dibujado por el filipino Rafael Kayanan), The Frankenstein-Dracula War, The Dracula Chronicles (con nuestro autor patrio Esteban Maroto), The X-Files (con John Van Fleet), Space: Above and Beyond-The Gauntlet (junto con Yanick Paquette) y Hercules: The Legendary Journeys (junto a Jeff Butler, adaptando la serie de televisión para la cual el propio Thomas ha escrito algún episodio). También cofundó la malograda editorial Cross Plains Comics con la intención de adaptar al cómic otros héroes salidos de la mente de Howard. También colaboró con la pequeña pero brava editorial asturiana Dude Cómics, para la cual proyectó escribir los guiones de las series Anthem, La Guerra del Anillo, y Carmilla. De su obra publicada en España destaca el último lanzamiento (con dibujos de Isaac del Rivero y Rafael Fonteriz) por su solidez, pero sus superhéroes de Anthem no resultaron interesantes en absoluto. La Guerra del Anillo no la llegó a terminar.

Su actividad en EE UU ha proseguido imparable, dedicando esfuerzos para editoriales varias: DC (Ring of the Nibelung, la obra magna de Gil Kane), Blue Comet (Thomas dio el pistoletazo de salida a Crime Smasher), Dark Horse (Classic Star Wars: A New Hope) o Millenium (guionizó Cthulu, the festival, núm. 2). Por descontado, no dejó de lado a Conan y fue el guionista de las últimas miniseries del personaje publicadas por Marvel: Conan and the Lord of Spiders (una secuela de tres episodios de la mítica historieta “La torre del Elefante”), Conan and the Scarlet Sword, ambas dibujadas por Stefano Rafaelle en 1998, y de Death Covered in Gold, de 1999, con dibujos de John Buscema. Y trabajó sobre Conan en España también, con la editorial Planeta DeAgostini, redactando prólogos, presentaciones y textos de diversa índole destinados a los productos de la línea “Héroes de la Fantasía Heroica”, de entre los que destacaron la sección quincenal “Conan the Marvelous”, una serie de escritos sobre la historia de la serie Conan the Barbarian que comenzaron a desgranarse en la clausurada Conan Classic y que prosiguieron apareciendo en castellano como un adecuado y aplaudido aderezo para los números de la nueva serie de Conan el Bárbaro.

Durante estos últimos años parece sentirse más cómodo en el campo teórico que escribiendo guiones (una de las excepciones fue Red Sonja: Death in Scarlet, un lanzamiento único de esta guerrera de la Edad Hyboria que fue dibujada espectacularmente para la ocasión por Steve Lightle para el sello Cross Plañís Comics), y ha desarrollado una labor encomiable en la revista teórica Alter Ego, que edita TwoMorrows, donde recupera la memoria de los autores del comic book clásico estadounidense.

 
   

 

SUMARIO

R. E. HOWARD

CÓMICS

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