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La máscara de El Fantasma (parte 4)

 [ leer parte tercera del ensayo ]

Recopilación de Pacific, 1999

[ Compilación de Pacific, con obra de Falk, Moore y McCoy, en la que se muestra la preocupación de El Fantasma por repeler al enemigo armado y proteger a Diana Palmer ]


Artículo por Nino Ortea


Tanques en la jungla.

Otro de los temas subyacentes no sólo a lo largo de estos 10 años que estoy comentando, sino que en toda la extensión de la obra, es el uso de la violencia sólo en situaciones extremas. Falk irá suavizando el recurso a la fuerza por parte de sus personajes, convencido de que sólo está justificada en casos extremos de defensa ante una agresión. Desde un principio los antagonistas de El Fantasma son frenados por él sin necesidad de recurrir a medidas extremas: en su primera intervención usa la electricidad para inmovilizar a sus adversarios, pero no para electrocutarlos. Y cuando sus enemigos mueren, suelen hacerlo a mano de otros felones, como Kabai Singh, asesinado por Sala en La leyenda de Krakatán, o como resultado de sus sucias intrigas, tal es el caso del Rajá Simbal en El Maharajá de Nimpore. El héroe no aparece cegado por ningún instinto vengativo, incluso cuando se enfrenta a los asesinos de su padre en Los piratas Singh, o lucha por salvar la vida a su amada en Misión especial (del 7 de febrero al 27 de mayo de 1944).

Frente a tiras como Dick Tracy, donde Chester Gould enfrentaba a su héroe con delincuentes que parecían salidos de la primera página de los diarios, y se inspiraban físicamente en estrellas famosas como Marlene Dietrich para Marrow o Boris Karloff para Karpse, The Phantom combate a los mismos enemigos de cualquier nación libre del hemisferio occidental: las poderosas organizaciones criminales, el enemigo interior fascista y los explotadores. Incluso su mayor enemigo, La Hermandad Singh, se ha convertido en una organización supraterritorial, en la línea de la futura HIDRA desarrollada por Stan Lee para Marvel, que en muchos casos estará infectada por otras organizaciones criminales, como La banda del cielo, que actúan impunemente en una sociedad presa de su desinterés por los semejantes. El mismo Fantasma creerá que Diana es sólo otra niña mimada, cuyas motivaciones se encuentran en el beneficio propio y no en el bien social.

Falk muestra un gran interés por incluir en su narración ciertos matices de crítica social hacia una alta burguesía encarnada en el perfecto inútil llamado Jimmy Wellis, apático enamorado de Diana, cuya única misión en la vida es comer y dormir. También se aprecia cierta crítica al embelesamiento que sufre la republicana sociedad norteamericana respecto a cualquier muerto de hambre que ostente en su tarjeta de visita un título nobiliario. La futura suegra de El Hombre Enmascarado padece en grado máximo esta enfermedad y tiende a encontrarle unos finos pretendientes a su hija, tan nobles como una patada en las partes, que cuando no resultan ser traidores espías nazis, Red de espionaje (del 23 de octubre de 1939 al 10 de febrero de 1940) se revelan como miembros de complejas organizaciones criminales, El plan 47 (11 de diciembre de 1946 al 1 de marzo de 1947). Por suerte El Fantasma se encuentra siempre cerca para solucionar estos problemas, que una inoperante policía, centrada en perseguir al inocente mientras respeta al culpable, no sabe solucionar. Así ocurre en El pequeño Tommy (30 de octubre al 18 de diciembre de 1937), donde se verá obligado a resolver un misterio que el prestigioso Scotland Yard no considera como tal.

Tampoco se verá libre de su crítica la explotación de las colonias por parte del hombre blanco, con historias como Fusiles en la jungla o El dios del lago donde la codicia de los colonos deberá ser frenada por The Phantom. Con todo, al igual que ocurre con otros clásicos de la época ambientados en zonas selváticas, la serie reproduce el esquema de la figura de un blanco, monarca y juez supremo de una negra jungla, cuya presencia evita el caos en una sociedad poblada por descerebrados pero bonachones indígenas.

Uno de los rasgos constantes de la serie, son los constantes esfuerzos del protagonista por evitar los conflictos. Al contrario que la mayor parte de los líderes políticos actuales, El Hombre Enmascarado cree firmemente en la PAZ, arriesgando su propia vida en su consecución incluso cuando la confrontación surge en lugares remotos, como vemos en El prisionero del Himalaya (del 20 de diciembre de 1937 al 9 de abril de 1938). Su búsqueda de la PAZ se debe a su convencimiento de que en toda lucha se pierden vidas valiosas, tal y como refleja en la trilogía centrada en el combate a la invasión japonesa, y de que muchas veces los beneficiarios de un conflicto son sus instigadores en la sombra, como ocurre con los hombres blancos que incitan el enfrentamiento tribal en Fusiles en la jungla. En su defensa de la PAZ, no busca beneficio propio, ni aumentar su leyenda o desgastar el crédito de otros ídolos enmascarados con vistas a ser considerado el héroe más popular. Es más, habitualmente realiza sus gestas entre bastidores y son pocos los que conocen de sus desvelos.

El Fantasma utiliza sus habilidades a fin de evitar toda lucha, consciente de que la violencia es un mal de fácil expansión. Evitará las peleas entre diferentes poblados indígenas, Los pescadores de perlas; los abusos de dictadores, El gobernador; o las nefastas consecuencias que el despliegue de un ejército en su propio territorio puede tener sobre la población civil, El maharajá de Nimpore. En su constante pugna en defensa de la justicia, el enmascarado no sólo incumplirá la legalidad cuando ésta sea inmoral, sino que empleará todos sus recursos incluidos los económicos, como ocurre en Gatillos de muerte (del 6 de abril al 25 de julio de 1942) donde destinará su inmensa fortuna a ayudar a la población indígena. El héroe llevará este alejamiento de la violencia a su modus operandi, procurando derrotar a sus enemigos mediante las armas psicológicas que le proporcionan la superstición humana y su leyenda suprahumana.

Lee Falk poseía la misma claridad de ideas que mostraba su personaje respecto a la necesidad de frenar la injusticia. Por eso, en una época en que la mayoría silenciosa de su país mantenía una actitud aislacionista y apática frente al auge de gobiernos de extrema derecha en Europa y Asia, Falk intentó concienciar al lector de la necesidad de frenar unas ideas cancerígenas cuya metástasis podría llegar a afectar la esencia de su impoluto american way of life. Sus intentos de sensibilizar a sus conciudadanos sobre la necesidad de reaccionar frente a un fascismo que penetraba en todos los estratos sociales, y que muchas veces podía mostrar una imagen atractiva de orden y eficacia socEdición alemana del personaje, con cubierta de López Espíial encarnada en personajes encopetados, datan de antes de la implicación de los Estados Unidos en la II Guerra Mundial. En Red de espionaje y Espías en acción (del 23 de octubre de 1939 al 1 de junio de 1940), el Barón Danton intentará incluir a Diana en su trama conspiratoria. En La aviadora desaparecida y El misterio del templo indio (del 23 de septiembre de 1940 al 3 de mayo de 1941), El Fantasma se debe enfrentar a una avanzadilla de una potencia extranjera, presumiblemente europea dados los rasgos de los miembros del destacamento, que se dedica a construir fortines en América Central de cara a una futura invasión del continente.

Estos enemigos no son tratados por dibujante ni guionista de una manera diferente, no apreciamos un dibujo maniqueo ni aparecen escenas o diálogos que diferencien a estos malvados de la caterva de delincuentes con los que se había enfrentado el personaje. El Mal, no obedece a coordenadas geográficas, ni rasgos étnicos. En el fondo el enemigo fascista y los piratas asiáticos son encarnaciones de una misma ideología que no entiende de banderas, la que propugna que el Bien Común no existe, y sólo una minoría está llamada a disfrutar del Bienestar. Desgraciadamente, esta ideología continúa viva; y son muchos los que defienden la persistencia de elites culturales, económicas o morales, bajo discursos impregnados de populismo. En nuestra mano está frenarlos.

La implicación de los Estados Unidos en la II Guerra Mundial tuvo marcadas consecuencias en las tiras de prensa, que llegaron más allá de la incorporación de discursos patrióticos a la trama de los seriales. Fueron muchas las series que se vieron afectadas por el alistamiento de sus creadores. Alex Raymond, en cuyo futurista Flash Gordon encontramos un claro combate al fascismo representado en el enfrentamiento al dictador Ming, figuró como autor de las páginas dominicales hasta el 30 de abril 1944 (sería sustituido tras su reclutamiento por el realizador de las tiras diarias, que habían sido clausuradas el 6 de marzo: Austin Briggs). Secret Agent X-9, de Max Trell y Mel Graff, continuó brillantemente su lucha contra el enemigo interior. El Johnny Hazard de Frank Robbins realizó su incorporación a las tiras diarias el 5 de junio de 1944, coincidiendo con un momento en el que Hazard se fuga en un bombardero de una prisión nazi. En 1944, Chester Gould enfrentó a Dick Tracy con el espía nazi The Brow (tiras del 22 de mayo al 26 de septiembre), en la que para muchos es la mejor historia del mejor año creativo de Gould. Capitulo aparte merece Milton Caniff y su Terry and the pirates. Tanto la versión dominical como la diaria habían unido su trama, y desde finales de 1937 la serie denunciaba la feroz invasión de China por Japón, convirtiendo a los piratas que dieron título al proyecto en guerrilleros heroicos. Caniff desarrolló una trama realista, que en ocasiones parecía avanzar el devenir de una guerra ya mundial. Pasajes como la tira del 16 de octubre de 1941, en la que fallecía la voluntaria Raven Sherman, o la página dominical del 17 de octubre de 1943, que recoge un emotivo monólogo patriótico, han pasado a la historia del cómic. La implicación de Caniff con el apoyo al combate al totalitarismo, lo llevó a realizar de forma desinteresada la serie Male Call, de 1942 a 1946, para la prensa militar.

Volviendo a The Phantom, la serie se vio afectada por el estallido de la guerra. Lee Falk se implicó en las operaciones de Servicio de Inteligencia dentro del Office of War Information. Tras su alistamiento en 1944, fue nombrado jefe de la división de radio en emisiones en lengua extranjera. Peor suerte corrió Ray Moore; su ingreso en las fuerzas aéreas supuso que Wilson McCoy pasase a desarrollar el dibujo. Moore regresó del conflicto con una afección nerviosa que lo imposibilitó para continuar como dibujante regular. McCoy, quien había comenzado a colaborar con Moore a raíz de la aparición de la página dominical, no sería acreditado como dibujante oficial hasta entrado 1949, lo que conlleva una discusión sobre la verdadera paternidad del dibujo, incluso en periodos anteriores al conflicto. De hecho, ya en historias como Red de espionaje (octubre de 1939) se aprecia un cambio en el trabajo gráfico, menos estilizado y más limpio.

En la versión publicada en España por Ediciones B se atribuye a Moore el dibujo en solitario hasta Tanques en la jungla (14 de diciembre de 1942), acredita a Moore y McCoy como ilustradores de las historias comprendidas entre La banda del Tucán y La muchacha salvaje (del 16 de noviembre de 1942 al 8 de diciembre de 1945), y atribuye a Moore las dos siguientes: Las sirenas del estrecho de Melo y La princesa Valeria (del 10 de diciembre de 1945 al 20 de julio de 1946).

Poco después del ataque Japonés a Pearl Harbour, comenzó a aparecer la larga saga centrada en la invasión japonesa de Bengala, desarrollada del 15 de diciembre de 1941 al 14 de noviembre de 1942, que en su más reciente edición española, apareció dividida en tres entregas: Feroz invasión, Gatillos de muerte y Tanques en la jungla. La característica de aparecer unas aventuras introducidas por otra –algo habitual en la serie– se mantuvo apuradamente gracias a la figura de Timo, el hijo de Gurán, que en la anterior aventura,Edición actual sueca. Clic para ampliar. El Fantasma envenenado, había desempeñado un papel cercano al de traidor tras ser engañado por unos timadores blancos, y ahora encarna al héroe anónimo dispuesto a sacrificar su vida por el bien de los suyos. Se aprecian varios cambios respecto a las tiras anteriores. Falk demoniza al enemigo presentando a los japoneses como seres crueles que disparan a indígenas desarmados por tocar un tambor, o como sádicos que disfrutan torturando al héroe. A su vez, el ejército japonés es mostrado como poco eficaz, pues es derrotado por unos hombres decididos cuyo armamento es rudimentario. Este ejército sólo puede triunfar mediante un ataque sorpresa y despiadado. El dibujo también adopta rasgos maniqueos, principalmente en la representación de unas tropas invasoras con eterna expresión de estar chupando un limón.

En su intento de trasmitir moral a sus conciudadanos, Falk no sólo resta valía a una fuerza invasora compuesta por 15.000 hombres incapaces de garantizar la seguridad de su general, sino que aporta a su discurso interesantes componentes humanistas. Se aleja del espíritu de la venganza, al propugnar un trato justo para los prisioneros japoneses pese a sus desmanes. De hecho, cuando se ve obligado a dar muerte al teniente Kurachi, El Fantasma justifica su asesinato ante una apesadumbrada Diana con un lacónico «es la guerra». El guionista invita a aparcar las diferencias internas frente a un enemigo común. Defiende la relevancia de cada ser humano a la hora de contribuir a frenar una agresión, haciendo cada uno lo que mejor puede sin necesidad de sacrificios inútiles. Esta consideración de que el heroísmo radica en un pueblo que se une para luchar por su libertad, y no en los laureados paladines, se reafirma en las tiras finales, en las que un Hombre Enmascarado al que las instancias oficiales atribuyen todo el mérito, cede su protagonismo al héroe anónimo, representado en una estatua sin nombre. En obras posteriores como Misión especial (del 7 de febrero al 27 de mayo de 1944) reaparece el tema del enemigo interior, en este caso una banda de espías con aire de maleantes que intenta hacerse con unos documentos secretos, que porta Diana junto a un capitán Byron presentado en la trama relacionada con la invasión japonesa.

Nunca es tarde para llegar a una buena historia. La trayectoria de El Hombre Enmascarado está llena de narraciones repletas de un atractivo que pervive con el paso de los años.


[ © 2003 Nino Ortea, para Tebeosfera 030430 ]