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HYRKANIA.


 

 

 

 A la derecha, mapa geopolítico de Hyrkania según la versión de Manuel Barrero © 2004 Manuel Barrero. Haga clic para ampliar.

 

Las raíces de Hyrkania deben buscarse en el pueblo esclavo de los lemurios quienes, un millar de años después del segundo cataclismo, se rebelaron contra sus amos y se dirigieron hacia el oeste para desarrollar su propia cultura. 2.500 años después, mientras se fraguaba la ascensión de los pueblos hyborios, los lemurios entraron en la historia como hyrkanios.


 

Durante siglos habían ido presionado estos nuevos ocupantes hacia el oeste hasta que dos tribus bordearon el extremo sur del Mar de Vilayet. En el norte abundaban desiertos poblados por castas de diferentes etnia y origen dispersas y pastoriles, mientras que al sur quedaba un remanente de hombres con algo de sangre hyboria de los nómadas exploradores. Tras mezclarse rápidamente con las gentes del sur, los grandes habitantes de las estepas, ya genuinos clanes hyrkanios, se dispersaron hacia el norte hasta chocar con tropas orientales hyperbóreas.

En tiempos de Conan, Turán, el más poderoso estado hyrkanio, por una cuestión religiosa comenzó a conquistar la costa de Vilayet durante el reinado de Yildiz. Su hijo, Yezdigerd, a su muerte, no sólo secundaría a su padre en la Guerra Santa, sino que continuó la conquista con afán incontenible, dejando el territorio hyrkanio reducido a un conjunto de tribus bandoleras.

Cinco siglos después del reinado de Conan, los hyrkanios comenzaron a acumular poder y a expansionarse, lo que daría como resultado la desaparición de la Era Hyboria. Mientras varios reinos se reunían para plantar cara al imperialismo aquilonio, los hyrkanios aliados con turanios a los que aún unían lazos de sangre, efectuaron una primera incursión de envergadura deshaciendo esta alianza, pero encontrando irremisiblemente la derrota a manos de los reinos occidentales.

Tras reconquistar Zamora, reino acuartelado por Aquilonia, los hyrkanios no admitieron su derrota y realizaron tres nuevas incursiones a través de las fronteras zamorias y las tierras de Shem. Pero los aquilonios los hicieron retroceder, aumentando estos últimos sus efectivos al retirarse por el extremo sur del mar interior.

Al tiempo que en occidente se expansionaba el poder picto, los hyrkanios prosperaron ligeramente para decaer de inmediato con la pérdida del puesto zamorio, al no poder resistir los ataques de la caballería pesada aquilonia. Pero al desplomarse Aquilonia a consecuencia de la invasión picta, los hyrkanios vinieron de nuevo cabalgando desde el norte empujando a las tribus y luchando contra los turanios e hyborios por igual. Todas las huestes guerreras hyrkanias se unieron bajo un solo jefe y resultaron invencibles dispersándose por Brythunia, Hyperbórea y Corinthya, hasta verse detenidas por los cimmerios en las montañas, donde la caballería oriental no era tan efectiva y tuvo que retirarse.

Luego sojuzgaron Shem y Koth, reino dominado por antiguos amos shemitas. También trataron de llegar a Argos, pero allí se encontraron con pictos que los detuvieron con fiereza, tal y como ocurriría más tarde en Ophir. De manera que los hyrkanios se vieron obligados a seguir hacia el sur, venciendo a un ejército en el Río Styx y ocupando el país de la serpiente, hasta llegar al reino de Amazón de donde trajeron miles de prisioneros.

Trataron de penetrar en Nemedia, pero allí los detuvieron los aesires que comenzaban a bajar de sus tierras para contratarse como mercenarios. En ese preciso momento, cuando Koth era un continuo batallar contra los pictos, y ya metidos en la era de las glaciaciones, los ases entraron en liza con los hyrkanios en Hyperbórea, y los cimmerios en Brythunia. Más oleadas de norteños expulsaron a los hyrkanios de Koth y de Shem y los aesires atacaron con tal fiereza desde Hyperbórea que les hicieron retirarse al Vilayet.

Los cimmerios destruyeron Turán y giraron su mirada hacia el sur del Vilayet. Más tarde, desalojados completamente de las tierras occidentales y asolados por los embates norteños, los hyrkanios desaparecieron de la faz de la tierra, dejando vestigios de su sangre en las venas de sus vencedores nórdicos. Los pocos que consiguieron huir hacia el norte dieron lugar a los samoyedas y a los wogulos, tras muchos cruces étnicos. Sólo se recuperó la estirpe hyrkania en la mezcla con cimmerios, lo que desembocaría en la casta escita y otras razas primigenias de sumerios y etruscos de nuestra Historia. Los hyrkanios retirados evolucionaron hasta transformarse en las tribus y pueblos posteriormente conocidos como tártaros, hunos, mongoles y turcomanos.

 ESTEPAS DESOLADAS Y MARES DE RIQUEZAS

Hyrkania se extendía a lo largo de la más vasta superficie de la Era Hyboria. Territorio con praderas herbosas, tupidos bosques, tundras sombrías y extensas y áridas estepas. Un contrastado paisaje multicolor.

El repaso a la fauna que plagaba el mar de Vilayet será efectuado en la entrega dedicada a Turán, por tanto solamente se hace necesario aquí citar a las águilas que volaban sobre el sur del Zaporoska, los feroces lobos grises de las estepas y los cangrejos devoradores del sur de Vilayet, más concretamente en el puerto Yuetshi (sin duda allegados del artrópodo diabólico que pululaba por el lago Sulimar).

Quizá el más legendario de los animales netamente hyrkanios fuera el gigante hombre mono de pelaje gris, que habitaba en las mesetas nevadas de Loulan desde tiempos inmemoriales y que guardaba cierta familiaridad con otros seres de semejantes dimensiones, pero de diferente color de pelo, diseminados por los reinos del sur y, más raramente, guarecidos como horrendos reclamos de venganza en algunos bastiones hyborios.

Existían muchos puertos mercantes en las orillas del Vilayet; Turán e Hyrkania mantuvieron buenas relaciones comerciales en ellos hasta la llegada de Yezdigerd. Lo único que empañaba su poderío mercantil por mar eran las hordas de piratas de la "Hermandad Roja", quienes podían transitar el interior del Vilayet con bastante libertad y que orillaban en sus islas deshabitadas. Las galeras hyrkanias tendían a recorrer por ello sólo la línea costera, al igual que las del océano occidental.

Aparte de los agricultores y tramperos, algunos oficios proporcionaban pingües beneficios, como a los orfebres de Khorosun o a los excelentes confeccionadores de cinturones de Backharus. Esta última estaba situada en una de las rutas caravaneras más importantes de Hyrkania, la que partía desde Makkalet, pasando por Onagrul, y que recorría toda la costa hasta el puerto de Yuetshi y luego se dirigía hacia Secúnderan para morir en Vendhya. La otra ruta importante (sin menosprecio de otras de menor alcance) nacía al norte de Makkalet y atravesaba la región hasta internarse en Khitai.

Los kozaki vivían de su saqueo, pero en las temporadas de malos botines se dedicaban a la recolección silvestre o al cuidado de caballos y yeguas para aprovechar su leche.

UNA CULTURA CERRADA E INDÓMITA

Los habitantes de Hyrkania tenían la piel oscura, por lo general eran altos y delgados, aunque también era común el tipo rollizo con ojos rasgados que resultaba de la mezcla con una raza aborigen inteligente, de escaso desarrollo físico, a quienes conquistaron en las montañas del este del Vilayet.

Las mujeres hyrkanias eran hermosas y abundaban las pelirrojas. A pesar de la legendaria figura arrogante que puso en boga entre los hyborios la indómita espadachina conocida como Sonja la Roja, habitualmente las mujeres hyrkanias tenían prohibido hablar en presencia de los hombres. Los muchachos aprendían a luchar desde la mas tierna infancia, eran educados en el manejo de las armas por sus padres aunque estos fueran campesinos, signo evidente del vasallaje al que siempre fue sometido el pueblo hyrkanio.

Las diseminadas ciudades estado eran oasis de civilización defendidas por soldados encorsetados con armaduras de oro. Esa apariencia orgullosa no traspasó nunca lo aparente puesto que, de hecho, eran monarquías autónomas que vivían continuamente amenazadas por el vasallaje turanio.

La esclavitud era algo común, tras las conquistas multitud de mujeres se añadían a los harenes como el lujoso del rey Ohaniff de Pah-Dishah. La sociedad de fuera de las ciudades estado, no sometida al vasallaje ni al campesinaje, estaba organizada en clanes tribales liderados por Khanes. Muchas eran las tribus que poblaban -al mismo tiempo que asolaban- las estepas hyrkanias y muy pocas veces se unieron para formar un pueblo compacto, o al menos, un ejército con la suficiente fuerza para formar una unidad política poderosa. Solamente Bab-El-Shaithan, ciudad maldita, amparó tras sus murallas a gentes de todas las tribus, tierras y razas, pero sujetos a búsqueda y proscripción.

La más importante de esas tribus bárbaras fue sin duda la de los kozaki de las estepas que asolaban poblados y cogían esclavos de una manera salvaje e incontenible. Conformaban sus desbaratadas filas hombres de muchas nacionalidades, exiliados, criminales, esclavos fugitivos, desertores de los grandes ejércitos y, entre otros individuos de baja ralea, mercenarios. Saqueaban las fronteras de Turán mientras que los  piratas -del mismo nombre pero que se apodaron a sí mismos “La Hermandad Roja"- hacían acopio de las riquezas de las costas del mar interior.

Los kozaki (o Pueblo Kozak) se llamaban a sí mismos "El Pueblo Libre", aunque el término "kozak" significara bribón o haragán en idioma hyrkanio. Se trataba sin duda de un pueblo orgulloso, que se formó en las estepas aproximadamente media centuria antes de que Conan naciera, integrado por criminales fugitivos organizados en bandas, cada una con su jefe o caudillo, cargo que se adquiría más por la fuerza que por sucesión de padres a hijos.

Aparte de los kozaki, a los que se refieren casi todas las Crónicas Nemedias, no podemos olvidar otras tribus menos cuantiosas aunque no menos feroces: los Wigur, los Augir y los Kipchak, catalogada como horda degenerada e infame por los propios hyrkanios. Los Drommach, que eran exclusivamente carnívoros, y los nómadas Kuigar, con los que  mantuvo buenas relaciones el gobierno de Turán al menos durante los tiempos de Yildiz y Kujula el Gran Khan. Finalmente, los Azweri, los Zaporoskos, y también los Juhanna, enemigos implacables de los kozaki.

TERRITORIO DE CONQUISTAS

Se ha hecho evidente que la estabilidad política de Hyrkania dejaba mucho que desear. Su división territorial era muy variopinta, ya que mientras por un lado cabalgaban muchas tribus de intenciones poco civilizadas, por otro se asentaban brillantes reinos que sometían la elección de sus reyes a las señales de sus dioses, tal y como ocurría en Pah-Dishah.

Es cierto, por otra parte, que sus ejércitos eran famosos por su formación de jinetes expertos en el manejo del arco de doble curvatura, el cual disparaban a caballo. También sobre sus monturas blandían sus cimitarras las huestes mas temidas por los hyborios, las de los kozaki, excelentes jinetes que cuando emprendían el camino de la batalla era preferible formar parte de sus filas.

Los cronistas nemedios no conocieron la heráldica hyrkania, o no nos la quisieron legar, y hasta nuestras manos solo llegó el tristemente célebre estandarte del Lobo Blanco, del ejército de proscritos turanios que se asentó en la desaparecida Zarfhaana, en pugna tanto contra hyrkanios como contra turianos, empujados por la vileza y poca cordura de Oshmaan el Verdugo.

Aparte de las refriegas que en el ocaso de la Era Hyboria tuviera con los países occidentales, Hyrkania estuvo más o menos siempre en pugna con sus hermanos de sangre, los turanios. Tanto los kozaki por tierra como los componentes de la Hermandad Roja por mar, atacaban inexorablemente los baluartes fronterizos de Turán; y es cierto que en una ocasión estuvo a punto de ser desintegrada una alianza de las dos facciones kozaki, pero los turanios tuvieron su éxito limitado.

En general los turanios eran odiados por los hyrkanios, mayormente al sur del Vilayet y en la zona del Zaporoska. La chispa que hizo saltar la "Guerra Santa" fue ocasionada por el robo de Makkalet del Tarim Viviente de Agraphur, terminado el enfrentamiento con la conquista del territorio costero oriental del Vilayet por parte de Turán.             

Los demás intentos expansionistas se veían detenidos por las condiciones geográficas, demasiado montañosas al sur y demasiado alejadas y desconocidas al este, aun así se hacían campañas invernales contra Khitai en ocasiones. Sólo un atrevido rey, quizá temerario, trató de expandir el imperio hyrkanio por Vendhya y Khitai, intento que no fraguó ni siquiera con el que quiso secundarle en tan arriesgada empresa: Barlonius de Nemedia.

CULTURA SINIESTRA TRAS EL REFULGENTE ACERO

Todos sabían en la Edad Hyboria de las sedas y armaduras hyrkanias, en el típico conocimiento de una región por el producto exportado mas famoso. Desde luego, era cierto que el acero hyrkanio era excelente e irrompible y las espadas procedentes del este eran sumamente apreciadas en el hybori.

El aspecto cultural mas relevante de este país oriental fue el de su espectro religioso. Sus cultos estaban dirigidos mayormente a Erlik, dios sumo que poseía el título de "Señor del Trono Negro" y "Dios de la Muerte", ligado en un principio a los cultos de los asesinos que desbancaron la pleitesía a Tarim -dios nacional durante un tiempo-, al que llegaron a considerar obsceno y estúpido. Aún así seguía siendo adorado en diferentes regiones de Hyrkania por sacerdotes de cabeza afeitada, y tanto por los miembros de las tribus como por los habitantes de las ciudades. Algunas de estas ciudades aun mantenían el título de "Ciudad de la Orden de Tarim" y en ellas se custodiaban ciertos elementos religiosos relacionados con su dios viviente, como el Cáliz Mágico de Tarim, en Scarlet.

Entre otras posibilidades, cabe asegurar que se veneraba a Isthar, a Hanuman y a Jhebbal Sag, cuyo culto originario se vio desplazado hacia los Reinos Negros, pero dejando innegables signos de su práctica en las estepas meridionales hyrkanias. Los hyrkanios sabían que había dioses más antiguos que el Tarim Viviente y les ofrecían sacrificios, caso de Xuthl-Tân o de los dioses pelirrojos que adoraban en sus cavernas la raza de los "Predilectos".

Al sur se sustituyó Tarim por el culto prohibido al Lobo Blanco y en oriente se rendía adoración al gran señor de la guerra, Khengor el Siniestro, jefe guerrero de origen campesino que condujo sus hordas hyrkanias de una ciudad a otra conquistándolo todo. Finalmente, en Kara-Sherhr, un puesto avanzado de la antigua Acherón, se veneraba a dioses con cuerpo de toro, cabeza de hombre y alas de murciélago.

 
 

 

PROCESO DE OCUPACIÓN HYRKANIA Y POSTERIOR ARREMETIDA DE LOS REINOS DEL HÍBORI CONTRA LAS ESTIRPES HYRKANIAS CIENTOS DE AÑOS DESPUÉS DEL REINADO DE CONAN

 


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SUMARIO

R. E. HOWARD

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S. KANE

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