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COSAS DE TEBEOS / 4

 

por ANTONIO MARTÍN  


Notas para un esquema del panorama histórico de la historieta de terror en España [ parte segunda ]



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ESQUEMA HISTÓRICO DE LA HISTORIETA ESPAÑOLA DE TERROR, DE LOS ORÍGENES A LOS AÑOS CUARENTA

Para un posible análisis posterior en profundidad de la historieta de terror española trazaré a partir de aquí un esquema de situación de los principales ejemplos, con el detalle de algunas obras, autores y editorial, es dentro de una división artificial por décadas, a fin de facilitar a los estudiosos que deseen trabajar sobre esta temática el acercamiento a una clasificación por género (con datos y ejemplos concretos) en el contexto histórico de la historieta española. Conviene insistir en que este esquema solo puede ser productivo a partir del trabajo directo con los tebeos y, si es posible, con la documentación editorial afecta al tema de investigación.

ESQUEMA 1 / El terror desde la cultura popular a la historieta.

Los cuentos tradicionales del siglo XVIII y del XIX. Los “cuentos de hadas y de miedo”, la literatura de “aviso”: Perrault, Grimm, etc. Los cuentos populares recogidos en la literatura española del XIX y su difusión entre niños y adultos. El terror para niños, educación y represión.

La literatura de folletín y sus influencias sobre las literaturas populares y de la imagen. Aventureros, bandidos y criminales. De los amores prohibidos... a las torturas de la Inquisición. Arquetipos del terror, ogros, gigantes, diablos, ahorcados redivivos, verdugos, madrastras y brujas, asesinos... El terror alrededor de la mesa camilla. Vengadores y héroes justicieros en una cierta acracia furtiva...

Las novelas por entregas para niños. Una industria fructífera: “plumíferos” de alquiler e impresores / editores. Trasvase de lo tradicional y lo folletinesco a los primeros relatos gráficos. El suspense del continuará. Un terror a perra gorda, popular y populachero.

Nacimiento de la historieta española (ca. 1873), dirigida a lectores adultos. Las primeras historietas del siglo XIX, el terror psicológico en la vida real en la obra de Apeles Mestres, Mecachis, Xaudaró y otros creadores de la primera historieta española (vida diaria, aventuras lineales). El humor costumbrista en la primitiva historieta española, reflejo de la realidad. El género de aventuras, exotismo y un terror sencillo y elemental.

ESQUEMA 2 / El terror en las primeras historietas para niños

Reduccionismo social e historieta en las tres primeras décadas del siglo XX. Moral y educación, la historieta “para niños”. Nacimiento de los tebeos como soporte de la historieta.  

Folletines y novelas por entregas y primeros tebeos para niños. Principales editores de los primeros tebeos: Buigas / El Gato Negro / Heras / Magín Piñol / Marco, etc. Tebeos de humor, de aventuras contra el moro, de piratas, de bandoleros, del Oeste... historietas para niños (entre el primitivismo expresivo y la infantilización). Pequeñas incursiones de la primitiva historieta para niños en el género de terror en: Cuentos Infantiles Pulgarcito, Cuentos y Aventuras Periquín, con protagonistas como el asesino de niños, Blancanieves estrangulada por su madrastra, diablos comedores de carne humana, el castillo de los espectros, etc. Un terror tradicional desgajado de los cuentos clásicos y de la literatura popular resuelto en narraciones gráficas lineales.

Son los años del cine expresionista alemán con elementos de terror: El gabinete del doctor Caligari (1919), El Golem (1914 y 1920), Nosferatu, el vampiro (1922), Sombras (1923). También es cuando tiene lugar el desequilibrio social y político de entreguerras.

ESQUEMA 3 / El terror en la historieta española de los años treinta.

Los grandes semanarios de historietas de la década. Renovación e innovación. Las aventuras de suspense en los tebeos de Editorial Marco, la fantasía desmadrada de Canellas Casals; de escritor de folletines a guionista de historietas seudo científicas con toques de terror (“El Vampiro Invisible”, “El Sabio loco”, “La mano que aprieta”, “Sam el gigante en la terrible isla de los hombres-caimanes”, “La guerra futura”, etc.) Aventuras “fantacientíficas” ingenuamente dibujadas por Farrell, Darnís, Kif...con un importante porcentaje de terror.

Historieta de Tomás para Mickey # 58, 1936La revista Mickey de Ediciones Molino: La serie “El Castillo de los tres Fantasmas” dibujada por Jaime Tomás, una clásica intriga de suspense con mucho miedo de tipo tradicional y poco terror. Un guionista fundamental: Huertas Ventosa. Primeros pasos de Freixas y Blasco por la historieta.

Elementos de terror en las historietas “La Ciudad aérea”, “El Universo en guerra” o “El monstruo de acero” de la revista Pocholo, de Vives.

El gran cambio de los años treinta: el cine de aventuras y las grandes series de cómics del King Features Syndicate. Predominio del cómic de género de aventuras exóticas en El Aventurero, Yumbo, La Revista de Tim Tyler’s de la Editorial Hispano Americana de Ediciones.

Los grandes estrenos del cine americano de terror de Universal y su influencia en la cultura popular de masas de la década: Dracula (1931), Frankenstein (1931), Freaks (1932), La Momia (1932), King Kong (1933), El hombre invisible (1933) etc. De sabios locos, monstruos humanoides y castigos ejemplares o la crisis del progreso. Escapismo a través del terror.

Los tebeos de la Guerra Civil española. Cuando el terror cotidiano desborda a la ficción. Continuidad de los guiones “fantacientíficos” de Canellas Casals en Pelayos y Flecha. Monstruos y ángeles. El terror de la guerra y su reflejo sesgado en los tebeos “nacionales”. Castanys: De la sátira política al linchamiento ideológico y humano cuando el humor se convierte en terror. Los tebeos de los “rojos”, entre el humor y la banalidad. Continuismo editorial bajo las bombas. Grave retroceso narrativo, gráfico, artístico y como medio de la historieta española.

ESQUEMA 4 / Tebeos para después de una guerra: el terror en los años cuarenta

El renacer de la edición de tebeos en los primeros años de la España de posguerra. La guerra continúa...

Los años cuarenta. El terror cotidiano de la represión: destierro, cárcel o paredón (fusilamientos y garrote vil durante toda la década). Guerrilleros en el monte. Hambre y frío, un país en ruinas, un día a día sin esperanza. Sobrevivir en un país arruinado en un tiempo oscuro y trágico. La crisis de la sociedad española de los años cuarenta. El Precio de la Victoria. Las clases medias, el proletariado y los pobres pagan. Depuraciones de funcionarios, de maestros, de periodistas. Nuevas promociones de escritores para los múltiples productos de la cultura popular de masas.

Lento volver a empezar. La búsqueda de evasión, florecen las ediciones populares. Un proceso causa-efecto, en este período se publican muchas de las mejores historietas españolas de terror.

Vencedores y vencidos. Las revistas del régimen del general Franco: Flechas y Pelayos, Maravillas, Chicos, Leyendas Infantiles, ¡Zas!, etc.

La historieta española recomienza desde cero con grandes titubeos, en un país que vive en silencio, aplastado por el miedo. Los inicios de la edición comercial de tebeos en la posguerra por las editoriales El Gato Negro / Bruguera, Hispano Americana de Ediciones, Ameller, Cisne, Grafidea, Valenciana, Guerri, Marco, Saturno, Vives, Rialto, Toray, etc., etc.

Aumento espectacular de los aspirantes a dibujantes de historietas. Comienza el auge de los tebeos que hará de esta década y la siguiente la “edad de plata” de la historieta española.

Éxito e invasión de los cuadernos de historietas de todo tipo y género, desde el humor y la aventura hasta las hadas y el drama terrorífico. Marco se estrena con cuadernos de historietas con guiones de Canellas Casals y dibujos de Darnís, Boix, Lozano Olivares, Figueras. Nueva vuelta de tuerca al terror tópico de los años treinta: “La bruja del castillo”, “El foso de la muerte”, “El loco de la caverna”, “El monstruo del campanario”, “Los vampiros del aire”.

Influencia del cine y su trasvase temático de la pantalla a la historieta. Predominio de los temas policiacos y de terror y de los seriales de aventuras fantásticas. Editorial Grafidea (Barcelona) publica en sus cuadernos de historietas diversas “versiones cinematográficas” de terror: “El hombre invisible vuelve”, “La sombra de Frankenstein”, “Alarma en la ciudad”, “El monstruo de acero”, etc. Editorial Rialto (Madrid) publica en paralelo sus propias “versiones cinematográficas” de terror: “La vuelta del vampiro Drácula”, “Zaroff, el cazador de hombres”, “La Vuelta de Fu-Manchú”, etc. Editorial Valenciana (Valencia) publica varias “versiones Cuaderno de editorial Rialto, datado en 1944cinematográficas” de terror en sus cuadernos de historietas “Los tambores de Fu-Manchú”, “El misterioso doctor Satán”, “En la selva del terror”, etc. Los autores son en su mayoría nuevos dibujantes que empiezan, jóvenes y  desconocidos: Ibarra, Beyloc, Víctor de la Fuente, Gordillo, Laffond, Vigil, López Blanco, Hernández Palacios, Blanes, etc., tan mediocres (entonces) como los guionistas que adaptaban a la historieta los argumentos de aquellas películas de terror.

Retazos de terror en las revistas de Gilsa, primero en Chicos, la mejor revista infantil de historietas de los años cuarenta. Una revista reflejo de la ideología de la clase media y alta durante los años de la posguerra en la España de Franco. Las primeras historietas de Freixas, con guión de Huertas Ventosa, huyendo del terror azul.... Canellas Casals continúa sus seriales de fantasía científica y terror. Jesús Blasco y Cuto: aventuras a la americana con mucha acción, ritmo acelerado y leves atisbos de terror.

Mis Chicas, la revista “para niñas” más importante de los años cuarenta... hasta la aparición de Florita. Partiendo frecuentemente de la tradición oral, Jesús Blasco realiza para Mis Chicas las aventuras de Anita Diminuta, que enlazan con el clásico cuento folklórico de miedo y de terror, con sus horribles demonios, brujas desdentadas, monstruos de pesadilla y malos malvadísimos... creando un mundo onírico sin par y uno de los mejores ejemplos a estudiar de la historieta española de terror infantil.

La editorial Bruguera alcanza un hito en la edición de historietas españolas de terror durante los años cuarenta tras renacer de las cenizas de El Gato Negro. Gracias a sus tebeos Pulgarcito, DDT, El Campeón, junto con sus publicaciones infantiles, de aventuras y de humor se afianza, crece y desarrolla como empresa editorial.

Entre la escasa producción de la historieta de terror española, alcanzan importancia especial los logros de Bruguera en dos líneas específicas: El terror realista en sus historietas de acción y una fórmula de terror satírico (que casi podríamos llamar terrorismo, dejando de lado las concomitancias actuales de la palabra) que prolifera en sus historietas humorísticas. Respecto a este último hay que destacar el humor ácido, a veces agrio, que campea por muchas de las historietas de Carpanta, Zipi y Zape, Doña Urraca, y otros muchos personajes frustrados, desclasados, de vidas rotas, que a veces llegan a parecer auténticos monstruos sicológicos, y cuyas pequeñas aventuras de una o dos páginas esconden bajo una apariencia de humor directo una importante dosis de tragedia, a veces rozando el sadismo, ejemplo del terror de las relaciones cotidianas.

En cuanto a la historieta de estilo realista hay dos tebeos de Bruguera que son fundamentales para la historieta de terror española, Pulgarcito (1947) y El Campeón (1948), con dos personajes míticos: El Inspector Dan y Eric, cuyas aventuras son básicas (y quizá los logros más importantes de toda la historia de la historieta española de terror).

Episodio de El Inspector Dan publicado en Pulgarcito

 

 

 

 

 

 

 

 

Las aventuras del Inspector Dan, de la “Patrulla Volante” de Scotland Yard, incorporan a la historieta toda la mitología terrorífica de la productora cinematográfica Universal, en un Londres vagamente intemporal cuyos paisajes urbanos se funden en un espeso smog del que surgen constantemente todo tipo de sicópatas asesinos y monstruos: momias redivivas, estranguladores, criaturas que parecen arrancadas de Freaks, émulos de Jack the Ripper... en una sucesión de terrores que puede culminar merecidamente en la aventura “Satán vuelve a la Tierra”. Las muchas aventuras protagonizadas por el Inspector Dan en las páginas de Pulgarcito ofrecen, vistas con la perspectiva del tiempo, un catálogo de horrores que, dentro del esquematismo que impone la serialización de una página por número, no ha sido superado en la historieta española.

Paralelo al Inspector Dan tenemos el caso de Erik en El Campeón. Se trata de un personaje de tipo gráfico realista cuyas aventuras se plantean desde otra dimensión del terror. El héroe de la historieta, Jean Duval, es condenado a muerte por un crimen que no ha cometido; tras ser guillotinado, su amigo, el Dr. Palmer “rescata” su cabeza y la une a un cuerpo metálico, dándole nueva vida como un ser híbrido que de su condición humana solo conserva el cerebro: Erik, el Enigma Viviente. Uno de los momentos álgidos, cuando el lector puede “tocar” el terror y “vivir” la angustia del personaje, se produce cuando éste despierta tras la operación y comprueba su nuevo estado. Con una lejana inspiración en La muñeca sangrienta de Gaston Leroux, Erik se está anticipando en cuarenta años a Robocop.

Hay que señalar que la auténtica importancia de este tebeo no es la historieta concreta de Erik sino el total de la revista, que en sus veinte números y pese a publicar historietas de distintos géneros (del Oeste, policiaco, histórico, humor...) ofreció los niveles máximos de la historieta de terror española, con series como “Red Grey en el caserón de la muerte”, “Dan contra Fu-Manchú” , “El Inspector Bruce Logan”, “El Doctor Niebla en la vuelta de Jack el Destripador”, “Erik el enigma viviente”, “Robert King, enviado especial”, realizadas por Giner, Ferrándiz, Hidalgo, Ripoll G., Bosch Penalva, que hacen que El Campeón sea merecedor de estudio monográfico, incluso de tesis de investigación en tanto que está adelantando en ideas y en tiempo mucho de lo que serán los comic books norteamericanos en los años cincuenta.

Quedan otros ejemplos de terror en la historieta de la inmediata posguerra. Es el caso de muchos tebeos de aventuras en los que la acción deriva en violencia, ésta en crueldad, y llega hasta puntos de sadismo que pueden rozar el terror. Como ejemplos, solo ejemplos entre otros muchos: El Guerrero del Antifaz, Águila Negra o Roberto Alcázar y Pedrín (sobre todo en los episodios protagonizados por el archimalvado Svimtus, “el hombre diabólico”, cuyo cerebro de sabio loco y cruel asesino es trasplantado, tras su muerte, al cuerpo de un enorme gorila). En general será frecuente que en los cuadernos de historietas de los años cuarenta se recurra a los estereotipos del sabio loco, el miedo a la ciencia, la bella mujer malvadísima, el traidor feo y antipático, el robot asesino, la amenaza atómica, etc., a los que se enfrenta una muchedumbre de héroes arquetípicos, muchos de ellos personajes enmascarados y vengadores solitarios que tienen siempre un pie en la heterodoxia y cuyos actos muchas veces rozan la violencia gratuita y hasta el terror.

Siguiendo una sociología inmediata y fácil cabe asimilar todo ello a la crisis de las relaciones sociales en la España de la posguerra, donde el odio por un lado, por otro el miedo, debían encontrar su catarsis en un universo imaginario y no comprometedor (como podía ser la novela popular o la historieta) en el que los vencidos podían ser vencedores. Por muy simple que parezca esta interpretación, es un hecho que desde los tebeos de Bruguera, en los años cuarenta, se hizo una aguda crítica –en ocasiones feroz— del mundo concreto en el que los españolitos de a pie habitaban.

ESQUEMA 5 / La década de los cincuenta, terror light en la historieta.

Al acabar el período de los años cuarenta (que llegan hasta 1953), etapa en la que muchos de los personajes de la historieta española daban testimonio del “terror social” de la época cuestionando (seguramente sin que lo propios autores se lo propusieran) el sentido de la realidad que entonces se vivía en España, los años cincuenta ofrecen una engañosa apariencia de normalidad. Una normalidad que viene dada por la apertura controlada del régimen al mundo exterior (pero no aún, por muchos años, en la vida de la sociedad española de los 50), hecho que se refleja en la historieta y más aún en los modelos de tebeos que aparecen en este periodo.

Esta apertura viene marcada por los Acuerdos de Ayuda Mutua con los Estados Unidos, que implican la venta (o como mínimo, el arriendo sin límite) del territorio español con fines militares y estratégicos a los intereses norteamericanos a cambio del reconocimiento y la aceptación internacional del franquismo, gracias al respaldo oficial por parte del Gobierno y de los intereses comerciales y financieros de los Estados Unidos.

Puesto el país en venta se acelerará su colonización cultural apenas iniciada en la década anterior, y antes en los años treinta, a través de la literatura, el cine, la novela popular y los cómics. Y, sobre todo, a efectos sociológicos, se iniciará un precario desarrollo económico que en los años 60 va desembocar en un total desarrollismo, económico y social, desde el que van a cambiar radicalmente los comportamientos de la sociedad española.

El desarrollo de los tebeos españoles de los años cincuenta va a reflejar la nueva situación de la política oficial. Se produce una apertura controlada, y la situación editorial se normaliza. Es ahora cuando las buenas gentes del mundo editorial que gozaban de los favores oficiales pierden protagonismo y la edición comercial de tebeos crece vertiginosamente, aunque se mantienen férreamente las categorías “infantil” y “juvenil”, sin admitir la posibilidad de una historieta para adultos.

Tras superar los peores momentos de años anteriores, los editores supervivientes podrán reestructurar ahora sus infraestructuras técnicas y comerciales, comprar papel en mayor cantidad y con mejor calidad, aprovechar las nuevas técnicas de impresión, mantener la periodicidad e, incluso, exportar con cierta seguridad sus sobrantes de tebeos no vendidos. Es el momento de afianzar las empresas industrialmente, sin más límites que los legales, por supuesto, y los que marca la competencia y el juego del mercado.

El tema estricto de estas notas puede decirse que el terror queda homologado en las historietas de estos años. Al crecer el número de tebeos de contenido variado y de cuadernos de historietas se produce una mayor diversificación temática, y a los géneros ya habituales o casi solo insinuados anteriormente se unen ahora los tebeos sobre la Segunda Guerra con sus diversos frentes, la de Corea, la de Vietnam, incluso las batallitas de la Legión española), sobre agentes secretos (de la CIA, del FBI y de todos los servicios de seguridad imaginables, incluso de la BIC española), sobre ciencia ficción, sobre romance (a diferenciar de los clásicos tebeos de hadas previos), etc. Y es también en este período cuando los superhéroes de los cómic books norteamericanos inician su entrada en el mercado español.

A nivel tópico en estos años se da un cierta “impregnación terrorífica” en aventuras y momentos concretos de muchas historietas: muertes especialmente crueles, personajes que sufren tortura física, monstruos, brujería, pero en general se trata de un terror con poco terror, “descafeinado”, que forma parte del guión... Es el caso de las aventuras de El Capitán Trueno o de los nuevos cuadernos de historietas de El Inspector Dan, o de las Aventuras del FBI, Jeque Blanco, Purk el Hombre de Piedra, El Cachorro y tantos más de la editoriales Maga, Bruguera, Toray, Rollán, Valenciana, etc. Hay muertes, hay torturas, hay violencia y crueldad, hay monstruos y hasta seres terroríficos... pero todo forma parte de la “ambientación”, sin demasiada convicción, sin que nada destaque demasiado del clima general de la sociedad de la época.

Una excepción importante, entre otras que se pueden hacer pero que son siempre excepciones a las características generales del mercado, es una obra de Antonio Pérez Carrillo. El caso más interesante, que mejor entronca en estos años con el género de terror en la historieta española, lo ofrece un tebeo aislado de la colección Cuadernos Ilustrados de Sucesos, titulado “El Media página inferior de un momento de "El fotógrafo asesino"fotógrafo asesino”, obra escrita y dibujada por Carrillo. Este tebeo nos cuenta la historia de un fotógrafo que desea “plasmar la expresión de la muerte”, motivo por el que se convierte en un serial killer en pos de su búsqueda del perfeccionismo. Para lograrlo asesina a varias mujeres en su intento por capturar su expresión en el momento de morir. El tema, cuando menos insólito en el tebeo español, tiene un planteamiento excitante y “fuerte” subrayado por el dibujo a pincel, rápido y esquemático de Carrillo. Y la historieta queda como una obra especialmente destacable en la historia de la historieta española de terror.

No destaco otras historietas y tebeos emparentados con el género de terror durante los años cincuenta, que los hay, pero sí quiero destacar especialmente cómo desde los inicios de esta década, la Iglesia y el Estado españoles comienzan a demostrar su interés claro y manifiesto por el control de los tebeos y la prensa infantil.

Al afianzarse paulatinamente el control sobre la edición de historietas se confirma la reducción oficial de éstas a simple pasatiempo recreativo dirigido al público menor de edad, con la consecuencia de que ello limita o anula su condición de medio de comunicación, al menos desde las pretensiones del Estado.

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[ © 2002 Antonio Martín, miembro del GELPI / Grupo de Estudio de las Literaturas Populares y de la Imagen ] [ Página web publicada en Tebeosfera 020628 ]