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CONAN SOLDADO

Ya en el otoño del año 20 Conan se encuentra en el Mar de Vilayet con un vanir que ya se había cruzado con él en Shadizar, Fafnir. Con él atraviesa el mar interior turanio naufragando poco después en la isla de los dioses de Bal-Sagoth, donde ambos persiguen a la cosa en el templo de Gotham que allí se levanta. Luego, abordan el barco turanio capitaneado por el príncipe de Turán Yezdigerd, cuyos guerreros de nariz aguileña, verdaderos halcones del mar de Vilayet, navegan hacia Makkalet, un baluarte hyrkanio que se opone a Turán por razones económicas y religiosas. Conan y Fafnir toman parte en el asedio y luchan bravamente, pero tras haber practicado el cimmerio una incursión nocturna en Makkalet surge el sabueso negro de la venganza por dos veces: la una, en referencia al mastín salvaje que le sale al paso, la otra, por la reacción de Conan al enterarse de la muerte ignominiosa de su amigo vanir ordenada por Yezdigerd. El cimmerio le inflige al príncipe turanio una profunda herida en la cara y deserta de la cubierta de los hijos de Tarim para unirse a los makkaletios.

Habiendo militado en el bando contrario, Conan no podía esperar otra cosa de los makkaletios que la asignación de un encargo con dobles intenciones. El mensaje que Conan debe portar a Pah Dishah es verdadero, pero el trayecto hacia allí implica una trampa: los hombres que le acompañan quieren utilizar al bárbaro como festín para el monstruo de los monolitos de las inmediaciones, que exigía sacrificios periódicamente. A pesar de la trapacería, Conan cumple su misión estimulado por su código de honor bárbaro y entrega el mensaje en el baluarte hyrkanio mencionado para, poco después de alejarse de él, conocer a la espadachina pelirroja conocida como Red Sonja, quien le ayuda a enviar a Yezdigerd una prueba material de que la sombra del buitre Mikhal Oglu -un enviado del rencor del príncipe- no amedrenta su imbatible tesón rebelde. La canción de Red Sonja se vuelve un murmullo cacofónico cuando ésta abandona al cimmerio de modo humillante después de haber rapiñado juntos una tiara valiosa, por lo que Conan vuelve a Makkalet, donde es arrestado. Se evade, obviamente, y salva a la reina del lugar, Melissandra, combatiendo la brujería oculta en los espejos asesinos de Karam-Akkad cuando se aproxima la Hora del Grifo, así llamada por describir el momento en el que los turanios toman finalmente el baluarte rebelde de Makkalet.

Conan sufre el acoso de las primeras nieves y la persecución de los turanios durante los días siguientes, porque Sakked, el hermano de Mikhal Oglu, pretende dar caza al bárbaro. Conan no ve otro modo de librarse de ellos que internarse en los territorios de Gud, zona maldita donde logra desasirse del acoso turanio casi a cambio de perder su vida, porque la muerte le acecha hasta el punto de poder afirmar “gris es mi calavera”. En la actual situación, huérfano de jefes por ambos bandos y harto de hechicerías y de frío, el cimmerio decide viajar hacia el sur velozmente.

Pasado un mes, su caballo le ha conducido hasta un bastión sito poco más allá del Río Zaporoska habitado por rufianes, algunos de los cuales están en discordia por la posesión de una joya llamada la Sangre de Bel Hissar, que a la postre se apropia Turgolh, un hombre de la lejana Khitai. Van transcurriendo las últimas semanas del otoño del vigésimo año de la vida de Conan mientras baja cabalgando por la costa oriental del Vilayet, resuelve un problema que gravita en alas de los demonios en la villa de Ravenwerk, también halla a su paso una ciudad arrasada tras los conjuros malignos practicados por el dios oscuro Rune (cuyo enfrentamiento con Conan le lleva más cerca de la muerte de lo que jamás había estado) y, finalmente, se pone de nuevo al servicio de Turán cuando ya se halla al sur del mar interior, quizá cerca del Fuerte Ghori. El tiránico trato de sus superiores le asquea tanto, tanto, que Conan acaba con la vida de uno de los oficiales turanios. Es comprensible su reacción, cuando la infamia surge ¿qué puede hacer un hombre? Mas, las consecuencias de su acto violento le obligan a poner tierra de por medio entre su espalda y Turán, y marcha al sur para disfrutar allí de un invierno similar al tropical.

Conan llega hasta el círculo de actuación de una partida esclavistas dirigida por el estigio Tutmekri, que operan bajo la luna de Zembabwei. Tras haber salvado a una lozana moza desconocemos todas las aventuras que corre el bárbaro hasta mediados de marzo del año 21. Lo que sí sabemos es que acaba regresando a Turán y...  ¿qué puede convencer al cimmerio a retornar al país cuyo príncipe ha jurado matarle? En buena lógica, que sabe que Yezdigerd se encuentra de campaña muy lejos de la capital turania. Pero Conan actúa más por instinto, o por otros apetitos. Y puede que el delicioso cuerpo de Aurah fuera aliciente para no regresar al reino de Tarim. Conan se alía con Aurah y otro hombre, Kashid, dos ladrones, que le engañan y dejan tirado en medio del desierto turanio; pero en una ciudad fantasma Conan halla a los guerreros perdidos que la habitan y a Aurah y con ella dirige su montura hacia Aghrapur.

Una vez en la capital, Conan pasa un breve tiempo con Aurah, gozando del anonimato de que disfruta en la gran capital turania aunque eso no impide que la brujería se manifieste en su vida, como cuando cruza su camino con el de Gremai, una muchacha aparentemente inocente que aspiraba al poder de un hechicero. Unos días más tarde, ya solo, con el refrendo de haber librado al país de la amenaza de dos brujos hermanos llamados Ormraxes y Eith-Riall, dos contra Turán, se alista de nuevo como soldado de los ejércitos del más orgulloso imperio del Oriente.

En principio le son encargadas misiones penosas, como la de circular por el pasillo sin fin de Mullah-Kajar construido tras las murallas de Zamboula, tarea que le ocupa casi tres meses de su vida. A su vuelta se ve mezclado con el soldado Rasu en un grave problema suscitado por un oficial ambicioso que los lleva a combatir contra unos demonios subterráneos de dientes rojos y ojos rojos. No obstante, pronto escala Conan posiciones entre los militares, lo cual se gana a pulso participando en campañas al norte del país. Primero cerca de la frontera zamoria, combatiendo contra la mano mágica de Nergal. Luego más al este, cuando ya finaliza junio de 21, al amparo del recuerdo de la sombra sobre la tumba que visitara en su adolescencia.

Estas pequeñas victorias le señalan como el más indicado para llevar a buen término una arriesgada misión de espionaje bajo el embate de los vientos llameantes de la lejana Khitai, concretamente en la ciudad Wan Tengrí. Una vez allí, ayudado por un ladrón khitano de nombre Burthai, consigue que la muerte y los 7 magos alojados entre sus murallas detengan a la tentadora de la torre llameante que mantiene sojuzgada a la población. Es probable que estas aventuras ocupen varios meses de la vida del cimmerio, y creemos que ya es invierno de 21 cuando se halla de vuelta del Lejano Oriente, en el desierto en que pierde a Burthai, arrebatado de su lado por la prole infernal de Kara-Sher, una ciudad perdida. Tras ser testigo de este horror, cabalga a uña de caballo hasta alcanzar Aghrapur, entrada que tiene lugar en diciembre.

Durante las siguientes tres semanas, Conan cumple los 22 y se dedica a aprender el oficio de la guerra: se entrena como experto jinete y guerrero, se forma en el manejo del arco, a pie y a caballo, y en el de otras armas. Poco después, salva la vida del rey Yildiz. Éste no ha tenido en cuenta el refrán “Desconfía de los hyrkanios que traen regalos” al aceptar el presente de los súbditos de la ciudad hyrkania Dimmorz, un gólem destructor entre cuyos pétreos zarpazos se interpone el cimmerio. Con esta acción obtiene del monarca el privilegio de pertenecer a la guardia real turania. Empero, al calibrar que se ha visto empujado por una gratitud desmesurada, Yildiz prefiere aprovechar el ardor guerrero de Conan en otras arriesgadas misiones y es enviado a combatir de nuevo, aunque, eso sí, con el rango de sargento.

En sus idas y venidas como militar (es un período muy vivaz; por trazar un símil moderno: es como si estuviésemos contemplando las aventuras de Conan en los storyboards de algún filme trepidante), el bárbaro contrae con la viuda de Zoran Tuk la deuda del guerrero, o sea, a la que condiciona la palabra dada. De esta manera, Conan, tras ser el invitado a la cena de los cuervos en continuas refriegas, pasa otro día de lucha sin hallar un lugar tranquilo en el cual reposar sus músculos y, sobre todo, su espíritu, que no consigue alivio hasta pagar la deuda del guerrero contraída tras la muerte de Tuk.13

Es ya casi marzo del año 22 cuando el sargento Conan encabeza una partida de hombres con salvoconducto diplomático hasta el norte de Turán, cuyo destino es el territorio de los khozgari, gente de mala catadura. El clan boreal de Turán acaba con casi todos los hombres de paz enviados por Yildiz. No con Conan, que los burla y se evade en compañía de la hija del jefe khozgari, defendiéndola de los demonios de la cumbre que al poco hallan y a la que utiliza como escudo para retomar la ruta hacia la capital de Turán. Es verdad que sale de territorio khozgari intacto, pero, sin caballo y sin aparejo le acomete el hambre hasta que alcanza un lugar donde el señor del castillo de la jurisdicción tiene en un puño a los aldeanos. Desde allí, cuando ya se halla casi a medio camino de Aghrapur, tropieza con un destacamento turanio enviado por el oficial Narim-Bey y se agrega a ellos para escoltar a la nieta del rey Yildiz, Yolinda, a quien transportan al Convento del Sagrado Corazón de Tarim enclavado en una zona muy al norte, un lugar donde los pobladores montañeses son terriblemente fieros. Como era de esperar les asaltan y apresan y Conan, junto con Yolinda y un guerrero kushita apelado Juma, son conducidos al Valle del Sol, emplazamiento oculto donde se materializa la maldición del cráneo de oro de Rotath, un hechicero lemurio de los tiempos en que existía Atlantis (la Era Thuria, el tiempo en que vivió el rey Kull).

Conan vuelve ileso a Aghrapur con Juma y la chica para alborozo de su abuelo Yildiz cuando ya asoman los primeros brotes de la primavera de 22. La satisfacción es tanta que el rey asigna otra misión similar a los corajudos bárbaros, al de ojos azules y al de negra piel: escoltar a su díscola hija Zosara hasta la ciudad hyrkania Kujula, donde está pactado que se case con el Gran Khan de los nómadas kuigar con el fin de sellar un pacto de concordia. Unos guerreros procedentes de Meru, país disimulado por una cadena montañosa circular, les interceptan y les encadenan cuando se hallan cruzando las Montañas Talakma. Los captores les conducen a una de las capitales meruvias, Shamballah, la ciudad de los cráneos, donde los dos titanes son convertidos en galeotes. Conan y Juma escapan del lugar después de darle al remo durante una semana y, un mes más tarde, entregan a la princesa en Hyrkania, no sin antes haberla dejado Conan en estado de gracia.14

Es el final de septiembre cuando los dos guerreros están de vuelta a Aghrapur. Yildiz vuelve a manifestar su contento y asciende a ambos hombres a capitanes. Juma queda en palacio como Jefe de la Guardia y a Conan, contrariamente, se le encarga una nueva misión diplomática que le aleja hasta Kushán, provincia occidental de Khitai. Un malintencionado duque de ojos rasgados, Feng, guía al cimmerio en su regreso pero también lo adosa, literalmente, a una roca sobre la que gravita una execración. La maldición del monolito no acaba con el bárbaro, quien todavía dispone de un grupo de hombres a su cargo cuando es entrado el invierno de 22, suave en estas latitudes.

Las siguientes semanas aparecen borrosas en los papiros que nos legaron los cronistas. Sabemos que Conan pierde a sus hombres, pero no sabemos cómo ni por qué. También se nos ha dado a conocer que cuando Conan emprende su solitario camino de regreso traba amistad con Sennan, khitano que le instruye en las artes de la lucha de su tierra durante un breve tiempo.15 El maestro de la espada en que se ha convertido Conan prosigue su ruta de retorno bordeando las fronteras de Meru y Vendhya sin atreverse a penetrar en sus territorios, ricos en marfil, sí, pero también en enemigos de los turanios, hasta que alcanza la cordillera Himelia y a un tipo con quien parece ser que le unen lazos de sangre. Por fin, ya en abril del año 23, Conan vuelve a sus labores militares en Turán, país donde tantos sediciosos traidores a la corona han dejado la tierra quemada y estéril. Sobre ellos aplica Conan el castigo de su afilada espada.

Pasa unas cuantas semanas más en esta situación, resolviendo misiones de carácter casi suicida de las que sólo él sale ileso, como la que le lleva hasta el túmulo del dios gris. Durante estas semanas, hasta que llega mayo, Conan conoce a un noble llamado Alwazir, obsesionado por acumular sabiduría, y al vástago de una casa noble llamado Boghra (alguien que en el futuro se enfrentará a Conan cuando éste lidere a los zuagir del desierto), y también traba conocimiento por entonces con un arcano culto capaz de dominar a todo tipo de fieras, el de Jhebbal Sag, cuyo caligrama retiene el bárbaro en la memoria. Ese mismo mes, de vuelta a Aghrapur en respuesta a una invitación del propio Narim-Bey -quien recuerda con agrado su acertada actuación escoltando a Yolinda-, un lío de faldas con la mujer de un oficial de superior rango y con la brujería, de la que son protagonistas el guerrero y la mujer-loba, impulsan al cimmerio a desertar y a regresar a los reinos hyborios. En la escabullida, unos bandidos le obligan a girar sobre sus pasos y a refugiarse en Keshaan, un pueblo pesquero de la costa del Vilayet donde un gigantesco cocodrilo mantiene a la población en un sin vivir. El dragón del mar interior perece tras su enfrentamiento contra Conan y éste puede proseguir su viaje. 

Escolta una caravana que se dirige un poco más al norte en la siguiente semana, pero constata que el salario es mínimo y se adentra en el desierto. De vuelta al Oeste, cuando empieza junio encuentra una ciudad extraordinaria confinada dentro de la concha de un gigantesco quelonio al que llaman el coloso de Shem. Unos días de cabalgada después, el desertor norteño ha salvado mucha de la distancia que separa Turán de Zamora y tiene la gran fortuna, o la gran desgracia, de relacionarse con una diosa de su tiempo cuyo lecho está protegido por el diablo de la ciudad olvidada conocida como Ababenzzar. Al poco, a apenas una semana de camino de la frontera con Zamora, se detiene a ayudar a una muchacha en una pequeña población. Gran error, pues la joven no es un ser humano, es un estigma de una planta carnívora sembrada en el jardín de la muerte y de la vida que florece en un oasis cercano. Mas no hay modo de detener a un cimmerio testarudo y Conan pisa de nuevo tierra zamoria con la firme intención de alcanzar Shadizar en pocos días. Lo logra tras desentrañar el secreto del Río Calavera que mantiene atenazado por el terror a un reino solitario del lugar16 y, tras pasar en la Ciudad Perversa un par de días, roba un mapa que señala el punto donde se oculta un tesoro, entre los picos de la cordillera Kezankia cercana a Arenjun. Hacia allí se dirige de inmediato, acompañado por dos tipos de intenciones poco claras, con quienes parte en busca del dios manchado de sangre, sobre cuyo ídolo reposan joyas de incalculable valor.

Conan sale indemne del enfrentamiento con la estatua (que cobra vida) y regresa a Arenjun con las manos vacías. Paradójicamente, esa misma noche se las ve con otro demonio granítico, el convocado por un brujo khitano en lo que podríamos llamar la noche de la gárgola y, al día siguiente, recibe su primera alegría en mucho tiempo: Sonja la Roja, que por haber sido traicionada se había evadido de la sede de su anterior centro de operaciones, Pah-Dishah, está en la misma ciudad en que Conan duerme actualmente. Juntos, el cimmerio y la hyrkania, matan a un tipejo que se ha proclamado dueño de la muerte porque posee un anillo mágico que le convierte en una suerte de inmortal. La maldición del no-muerto no basta para detener a los dos bárbaros, que pronto parten hacia el sur, hacia Shadizar, en cuyo trayecto sufren un imprevisto en la torre de sangre domicilio de dos vampiros, durante un amargo episodio de sus vidas que trata de la llama y del demonio.

Abandonado por Sonja de forma harto enojosa, Conan se presenta solo en Shadizar en agosto del año 23. Únicamente pasa un día en la ciudad porque es hecho preso, él y el trovador Laza Lanti, con quien escapa hacia el Valle Oscuro, zona de Koth aledaña a Zamora. Al tiempo que el cimmerio descubre que el padre del vate, Tsota-Lanthi (quien prodigará al bárbaro más de un quebradero de cabeza en su futuro), es un ser amorfo suena la última balada de Laza Lanthi, puesto que el juglar muere.17

Repelido por el acontecimiento de Koth, Conan vuelve sus pasos hacia el norte y, tras luchar contra los habitantes de las profundidades que moran bajo la aldea de Meshkén cercana a la frontera de Koth con Khoraja, cruza la frontera sur de Zamora para terminar en las Marismas de la Locura poco más de una semana más tarde. No encuentra por aquel marjal otra cosa que sabandijas, bandidos y videntes ciegos, como viene siendo habitual en su procelosa vida e, instruido en la villa de Urkira en el arte de sortear las artes hipnóticas de brujos como Harpagus, a quien acaba de conocer, viaja a continuación hacia la ya visitada ciudad del Dios Araña. Un bárbaro regresa a Yezud, cierto, pero allí se hace pasar por herrero para salvar a una de las favoritas del harén de Yildiz, comprobando que incluso la muerte acecha en un jardín bien cuidado. Tristemente, los hijos de Zath, el culto abyecto de la localidad, acaba con la vida de la hermosísima Rudabeh, doncella por quien ha latido apresuradamente el corazón del cimmerio durante las últimas dos semanas, y la congoja le aboca a un vagabundeo ciego hasta Shadizar. No logra aplacar la pena ni con grandes dosis de alcohol porque la reciente muerte de Rudabeh ha refrescado en Conan el recuerdo de su primer amor, Mala, así que decide viajar hasta Cimmeria sin descanso al objeto de exorcizarse de los demonios de culpa y pesadumbre que carcomen su alma enamorada.

Conan llega a las tierras que le vieron nacer en octubre de 23, tras un viaje relámpago. Sus vecinos le dan la mala nueva de que su novia ha sido raptada por unos vanes y conducida al norte. El bárbaro no llega a tiempo de salvar la vida de la muchacha, pero sí de vengarla durante el transcurso de la noche del dios oscuro de los pictos. Tras este luctuoso suceso, el afectado Conan no sabe qué rumbo tomar y bajando por Vanaheim le sorprenden las primeras nieves del invierno, muy crudo por aquella región. Por esta circunstancia una extraña mujer conocida como la dama de la nieve plateada le retiene a su lado durante los meses que quedan de invierno, aunque no todos, que Conan en seguida se cansa y viaja hacia Cimmeria al verificar que la inclemencia del temporal se ha suavizado. Así, ya cerca de la frontera de Vanaheim con su país natal, se desplaza hasta la ciudadela de color escarlata que hay por la zona para, finalmente, alcanzar Cimmeria.

Recién cumplidos los 23 años, el cimmerio se une de nuevo a los aesir contra los vanir, y entre ellos reencuentra a Gorm, ahora flaco y avejentado, a Niord y otros viejos amigos. En una serie de escaramuzas que practica con ellos, tiene la fortuna (o el inforntunio) de conocer a la evanescente Atali, la hija del Gigante de Hielo.18 Luego de esto, al perder a sus compañeros de razzia Conan toma un camino que le conduzca hacia el sur con poco o nada que llevarse a la boca. Exánime, intenta pedir ayuda en el molino de unos granjeros, pero su hambre no cesa hasta que se deja caer algo más al sur. Hemos de colegir que se pierde en el vasto páramo blanco, o que algún circunstancial aliado le hace tomar una ruta desaconsejable, lo cierto es que pierde a su montura y tiene que hacer frente a los cazadores de las montañas (a veces con alguna improbable alianza de sangre) de Aesgard. Atraviesa Aesgard con la nieve pegada a sus botas y con la muerte blanca pegada a sus talones, si aplicamos esa metáfora también a los lobos que le hostigan sin descanso como la sombra de una venganza.19

Repuesto, Conan consigue un caballo y sigue su camino atravesando la nieve de muerte y el hielo de sangre que conforman el peligroso paisaje de los montes Graaskal, en la frontera entre Hyperbórea y Cimmeria. Resulta nefasta la ruta elegida, porque seguir el curso del Río Helado le lleva hasta el cubil del gusano de hielo, una rémora mítica conocida como Yakhmar, y casi perece en el intento de matarla. Cuanto más se aproxima el bárbaro al norte de Brythunia, más avanzada está allí la primavera. Ya casi en abril del año 24, Conan vuelve a cruzar palabras, y más que palabras, con Red Sonja, moza que ronda por la zona con la muerte al acecho, como viene siendo habitual en ella. Pero el cimmerio no quiere ligarse a una mujer tan temprano en su vida y prosigue su recorrido en solitario durante este mes. Durante un alto en su camino salva a una joven del acoso de un hechicero y yace con ella, quedando en el aire la duda de si la cría que es alumbrada a los nueve meses es hija de la brujería o del cimmerio (algo de lo que Conan jamás tendría constancia, al igual que ignoraría la paternidad de otros, digamos... centenar de hijos repartidos por todo el mundo hyborio conocido).20 A continuación del enfrentamiento contra el brujo de una pequeña localidad brythunia Conan gira hacia el noroeste y penetra en el Reino Fronterizo para desarrollar nuevos actos de coraje y rapiña, no en vano se apropia de un cofre lleno de alhajas.

Suponemos que le arrebatan su pequeño tesoro uno o dos días después, porque entonces sería absurdo que aceptase remediar la maldición del hechicero Merdoramón, quien le contrata en una misión en la provincia de Falkar. Conan debe defenderse de unos maléficos duendes a la luz de la luna y cuando las ratas bailan en Ravengard conoce a la mujer lobo llamada Lupalina, hermana de la mujer-oso Ursla. Lupalina se convierte en imprevista aliada de su causa y le acompaña en los subsiguientes enfrentamientos con la criatura del estanque situado bajo el castillo de Ravengard y con el hombre nacido del demonio llamado Unos. Conan parece disfrutar de la experiencia como mercenario y, agradecido por el delicioso sol de mayo de este año 24, decide bajar algo más para arrendar sus servicios en los reinos hyborios. Un horror de un color diferente (de hecho, sin color), le sale al paso cuando atraviesa el inmenso y peligroso Bosque Negro del norte de Nemedia, pero no obstruye lo suficiente su ímpetu y una semana después Conan llega a la capital de este país hyborio.

En Belverus prospera como soldado bajo las órdenes de quien fuera su primer contratante, Murilo de Corinthia, quien acaba de congregar un grupo guerrillero mercenario llamado la Compañía Carmesí. Murilo enseña al cimmerio a refinar un poco más su estilo de lucha y a que adopte la costumbre de ir provisto de cota de malla. La protección le vendrá de perlas cuando, tras dar con el altar y el escorpión preservados por el tiempo desde la Era Thuria y siempre flanqueado por sus hermanos de la espada de ese momento, tenga que consultar el oráculo de Ophir. Conan recorre los reinos adyacentes defendiéndolos de una amenaza sombría durante mayo y junio de 24 acompañado por Murilo, un improvisado escudero femenino, Tara de Hanumar, y Yusef, su enamorado. Tras presenciar un espectacular enfrentamiento entre una sombra sobre la tierra y un escorpión, ambos de origen thurio, Conan decide abandonar la Compañía Carmesí y dirigirse hacia la prestigiosa ciudad mercantil Messantia, población principal del reino de Argos. Poco antes de llegar, Tara, Yusef y el bárbaro se detienen a admirar la extraña y alta torre en la niebla que se erige amenazadora a medio camino.

NOTAS

13 Conan regresa a cumplir su compromiso ahora, así que el final de “La deuda del guerrero” debe leerse tras las otras historietas insertadas entre medias (la primera vez que se cita no es un flash-back, pues).

14 Thomas convino en apartar “La ciudad de los cráneos” de la biografía en viñetas del cimmerio porque había adaptado antes la misma idea de Howard (ya desarrollada por unos De Camp y Carter todavía remisos por aquellas fechas a ceder los derechos de sus obras para ser llevadas al cómic) en la historieta “La maldición del cráneo de oro”. Yo desobedezco a Thomas aquí porque es posible encajar cronológicamente ambas aventuras de Conan al lado del negro Juma y porque en la siguiente historia, “La maldición del monolito”, Conan recuerda que acaba de salvar a la hija del rey, no a su nieta. Curiosamente, Thomas obvió la adaptación al cómic de este último relato de De Camp y Carter en su repaso cronológico.

15 Larry Yakata, el creador de este mentor marcial, desconocía que Conan había seguido manejando la espada como si de un hacha se tratase hasta que Murilo le instruye en la esgrima más de un año después (véase “El altar y el escorpión”). Sin embargo, este detalle se le antojó ideal al también amante de las artes marciales Rafael Kayanan para posteriores historietas de Conan que dibujó, y Thomas le alabó el gusto evocando a este mentor en su adaptación de la saga selvática “Los dioses de la montaña”, la secuela de “Clavos rojos”.

16 En algún lugar se ha dicho que esta localidad se halla al noreste de Zamora lo cual no es cierto.

17 Se afirma en esta historieta que Conan penetró por vez primera en Shadizar cuatro años atrás, cuando se cumplen, ahora, cinco años y medio de su primera visita a la más perversa de las ciudades zamorias.

18 Existen dos versiones de esta historia, una de Thomas y otra de Busiek, aunque este autor parece haberla colocado en otro momento cronológico de la vida del cimmerio por error.

19 “La muerte blanca” es el título de dos historietas de Conan diferentes. Ésta es la escrita por Carlos Yáñez.

20 Esta historieta es colocada por Thomas en una franja de edad que comprende desde los últimos 20 hasta los primeros 30 años de la vida de Conan. Ello choca con la descripción del cimmerio bajando desde las montañas del norte que se nos muestra en la historia y también con la localización geográfica de Conan a esa edad.

 
   

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SUMARIO

R. E. HOWARD

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  © 2004 Manuel Barrero, por el texto y el montaje, y Carlos Yáñez, por la selección de imágenes, para Tebeosfera, 040524    © 2004  Conan Properties International, LLC / Robert E. Howard Properties, LLC, por los personajes. El resto de los copyrights corresponden a los editores y autores de estos productos aquí mostrados, lo cual se hace con carácter exclusivamente informativo y / o promocional